AMAZONIA: COMBATE DE RESISTENCIA
TCnel. Humberto B. Leal
Es necesario afirmar que este artículo contiene impresiones personales de su autor y no posiciones del Gobierno Brasileño, pero que tal vez sea posible encontrar consistencia y realidad en un análisis sencillo que involucra, entre los asuntos de Estado en este fin de siglo, la polémica cuestión ecológica y la amada Amazonia que los Brasileños han jurado defender hasta la muerte.
Todo estudioso de Relaciones Internacionales puede aprender sencillamente con el francés Raymond Aron que hay dos formas de estudiarse la Historia. En la primera, el hombre mira hacia el pasado para conocer a sus ascendientes y a sí propio: "El historiador que quiere comprender al otro para mejor comprenderse a sí mismo o para alcanzar una experiencia más rica de humanidad, es contemplativo"(1). Dice aún este importante filósofo que, a su vez, el que desentraña las lecciones del pasado y las constantes en los asuntos humanos, está al servicio de la acción. Es el educador del Príncipe, es Maquiavelo, el que vincula las coyunturas separadas por siglos, explicando los éxitos y los fracasos que se han originado, respectivamente, del conocimiento y de la ignorancia de las reglas eternas que regulan la vida humana y los asuntos de Estado.
Son dos formas distintas de estudiarse la Historia y de aprovecharse de la enseñanza de los acontecimientos, lo que a su vez produce dos tipos distintos de hombres que hacen uso de las experiencias históricas: el intelectual y el de acción. El intelectual es el contemplativo; el soldado, el hombre de acción. Vale decir, sin embargo, que suele ocurrir que, algunas veces, el militar es al mismo tiempo el intelectual y el soldado, pues las labores productivas del líder y del estratega resultan de la combinación de pensamiento y acción.
Mientras reflexiono, me acuerdo de un acontecimiento significativo de la Historia del Brasil, vale decir, la Guerra de Guararapes, una guerra de resistencia contra un invasor militarmente más poderoso, desarrollada y vencida por fuerzas brasileñas en el siglo XV (16481649). Este suceso militar, se puede decir sin miedo de cometerse equívocos, constituye el origen del Ejército de Brasil. En aquellos lejanos combates de guerrilla, se puede agregar aún, probablemente nació la capacidad brasileña de engendrar, mantener y vencer guerras contra fuerzas de mayor potencia de combate. Se ha mantenido en las generaciones brasileñas este espíritu astuto que maneja con facilidad la guerra irregular. El historiador brasileño Nelson Werneck Sodré, cuando se refiere a las batallas contra los holandeses en el Estado de Pernambuco, en su clásico "Formacao Histórica do Brasil" (Formación Histórica del Brasil) (2), afirma que esta experiencia brasileña demostró que para rechazar la dominación extranjera la causa fue asumida por todos, aprovechándose de forma total la capacidad de lucha y tenacidad del pueblo, además de su espíritu inventivo, por medio de la guerrilla. Esta experiencia ha sido guardada en la memoria brasileña y se puede leer hoy día, en todos los cuarteles ubicados en la Brasileña Amazonia carteles que resurgen el alma de Guarapes:" ¡HICIMOS AYER Y HAREMOS SIEMPRE! "(La guerrilla).
¿Y por qué hablo de guerrilla en contra de invasores poderosos?
Respuesta: porque la Historia es Maestra y nos ha mostrado que el fin de la Guerra Fría no produjo una nova Orden Mundial de paz y armonía entre las Naciones. Desafortunadamente, las Relaciones Internacionales continuaron a ser ejemplo del deseo de los Estado de ejercer la eterna voluntad de dominar unos a los otros. Es decir, el fantasma de la guerra continua presente, pues los conflictos no son, por lo general, oposición entre individuos (¡todos nosotros los humanos deseamos la paz!) y sí entre Estados y algunas veces entre grupos internos de un país. Infelizmente, las partes conflictivas suelen mantener intereses contrarios e irreconciliables, siendo incapaces de sobrepasar dificultades por las vías diplomáticas y democráticas.
Es con tristeza que se verifica que, con el final de la Guerra Fría, desafortunadamente no se vino la paz entre los pueblos, tampoco la armonía; pero sí la continuación de la inmemorial política basada en la búsqueda y ampliación de áreas de influencia por parte de las potencias dominantes.
Aunque sepamos muy bien que los problemas geopolíticos más significativos en este fin de siglo e inicio del próximo milenio estén concentrados en el Atlántico Norte (expansión de la OTAN X Reacción imprevista de una Rusia inestable y poseedora de armas nucleares estratégicas), en los problemas del Medio Oriente y en Asia, es innegable que el dicho mundo desarrollado tiene objetivos específicos en Latinoamérica (que no son los nuestros, en verdad, normalmente). Nadie suele afirmar en público que muchas buenas intenciones ecológicas en verdad disfrazan intereses menos nobles. Vale citar, por ejemplo: el crecimiento y fortalecimiento del MERCOSUR ha molestado a algunos Estados; el cáncer del narcotráfico continúa a ser alimentado por los millones de drogadictos que viven bajo angustia y crisis existencial en sus países, revelándose sus Gobiernos incapaces de solucionar tal problema; al revés, para disfrazar esta incapacidad, estos dichos Gobiernos estimulan irresponsablemente intervenciones en otras partes del mundo como se fueran policías globalizadas; y, finalmente, la polémica cuestión ecológica que ha sido manejada muchas veces con propaganda mentirosa.
Es con tristeza que se verifica que, con el final de la Guerra Fría, desafortunadamente no vino la paz entre los pueblos, tampoco la armonía entre los Estados, pero sí la continuación de la inmemorial política basada en la búsqueda de áreas de influencia por parte de las potencias dominantes. En la persecución de sus objetivos se dan el derecho de intervenir en donde quieran, es decir, relativizaron el concepto de soberanía nacional. Legalizaron la ilegalidad, y por ello se valen de todo tipo de armas, incluso de propaganda falsa.
Hemos conocido y entendido los pasos obscuros del enemigo en su política expansionista y ocupacionista. ¡Nada nos sorprende! ¡Tampoco las amenazas de una invasión a la Brasileña Amazonia! Tenemos conciencia de que dicha "destrucción de la foresta" es una pieza mentirosa de propaganda de Estados y organismos no gubernamentales que sostienen esta argumentación para mantener una lucha cuyos objetivos están en las sombras y no son reveladas públicamente a nadie.
Las justificativas de algunos Gobiernos y Organizaciones No Gubernamentales para intervenciones internacionales en la Brasileña Amazonia constituyen verdaderas argumentaciones silogísticas y tendenciosas. Hay un lado positivo en estas cuestiones polémicas: todos pueden expresar opiniones y convicciones. Sin embargo, aunque respetando las opiniones en contrario, la verdad es que jamás los brasileños aceptaremos sin lucha la llegada sorpresiva de tropas extranjeras con sus aviones y helicópteros y con su tan conocido poder de destrucción y crueldad. Por ello, el alma de Guararapes ha resurgido: para enfrentar y vencer fuerzas más poderosas en potencia de combate y capacidad tecnológica.
No queremos la guerra, deploramos la crueldad inaceptable de los conflictos, el derramamiento de la sangre de los inocentes y la matanza de millones "quirúrgicamente" con bombardeos indiscriminados y criminosos de poblaciones civiles. Sin embargo, la guerra continúa a ser el gran mal de la humanidad, en consecuencia del uso de la política de la fuerza y de la voluntad de los Estados más fuertes de ejercer dominio sobre los menos belicosos. Esto exige de nosotros la prevención adecuada.
¡El alma de Guararapes vive! Y vivirá hasta que la codicia del enemigo desaparezca y en su lugar prevalezca el respeto al Derecho Internacional y al derecho que tienen los pueblos de elegir valores y su forma particular de vivir.
El alma de Guararapes se llama "Lasitud", estrategia preconizada por el General francés Beaufre (tal vez un lector de Sun Tzu, muy probablemente): es el modelo estratégico del conflicto prolongado, empleado cuando, aunque haya libertad de acción, los medios propios disponibles no se comparan a los del adversario, impidiendo así la obtención de la decisión militar por medio del combate directo.
Según el manual C 1241 ESTRATEGIA, del Ejército Brasileño, "Estrategia de Lasitud" es desarrollada a través de un conflicto prolongado, de carácter total, normalmente basada en la guerrilla y en la búsqueda de la decisión por el desgaste físico, moral y material del enemigo. Como por lo menos en el inicio de las operaciones habrá inferioridad de medios, las acciones militares no visarán a ganar, pero sí a no perder. El éxito en verdad se ubica a nivel psicológico: ampliar la moral de nuestros combatientes y degenerar la del adversario. Es una forma de actuación que caracteriza la estrategia indirecta, porque las acciones en los campos psicológico y social son más importantes y decisivas que las militares.
Aplicada la Estrategia de Lasitud en niveles operativos y tácticos, se llega al "Combate de Resistencia", un conjunto de técnicas de combate y procedimientos tácticos y logísticos a ser ejecutados por las Fuerzas Armadas especialmente por las entrenadas tropas de selva, paracaidistas, comandos y Fuerzas Especiales y por el pueblo organizado y adiestrado en Movimientos de Resistencia.
Aún no se ha inventado satélites o armas modernas que puedan suprimir la voluntad de combate de un pueblo en armas y la adversidad del ambiente selvático (calor, humedad elevada, lluvias, enfermedades tropicales, opresión de la foresta y combate de emboscada).
Estas combinaciones de técnicas de guerra regular e irregular y aún de sistemas de logística regular y alternativa son eficaces para mantener y vencer un conflicto prolongado contra un invasor poderoso, quitándole la ventaja de la superioridad de medios de combate y de capacidad tecnológica.
Los brasileños, especialmente los amazónicos, tienen muy claro que aún no se ha inventado satélites o armas modernas que puedan suprimir a la voluntad de combate de un pueblo en armas y la adversidad del ambiente selvático (calor, humedad elevada, lluvias, enfermedades tropicales, opresión de la foresta y combate de emboscada). En la Lasitud, se pretende imponer al Invasor un costo alto en vidas humanas y en degeneración de su moral de lucha, causándole la pérdida del apoyo de la opinión pública. Muy difícilmente el invasor obtendrá una victoria rápida como suelen imaginar. Tendrán que vencer antes el alma inmortal de Guararapes.
Estas palabras no son un desafío a nadie. Son apenas reflexiones y recuerdos de los héroes brasileños que vencieron al Invasor Europeo en Guararapes. Tal vez sea bueno que produzcan reflexiones y recuerdos en los supuestos invasores de la Amazonia Brasileña. Allá en Brasil, todos los días, mientras se adiestran para el combate del porvenir, las entrenadas tropas de selva hacen suyas las palabras que repiten con la fuerza de sus corazones: "HICIMOS AYER Y HAREMOS SIEMPRE".
¡El alma de Guararapes vive!